Harraga, una asociación cuyo nombre incluye la solidaridad

Ellas mismas cuentan que no hay nada mejor que estar un tiempo en un sitio para que se te desmonten todas las estructuras. Ley del Menor, derechos de la infancia, centros de acogida, protección, justicia… son conceptos que tras un tiempo en Melilla, trabajando codo a codo con Prodein y vivir distintas situaciones con desconcierto e incredulidad, son el germen que las hizo progresar del asistencialismo a la acción para transformar y denunciar.

La harraga-melillaAsociación Harraga surge este 2016 de un proyecto de voluntariado con menores no acompañados del centro de acogida Fuerte Purísima, de las prácticas profesionales del último año del grado universitario de Educación Social, de cuatro estudiantes y de una labor conjunta con Prodein.

Harraga significa “quemar el pasado, dejar las fronteras atrás”. Harraga es la palabra árabe con la que se designa a los mal llamados ilegales, los sin papeles, los Nadie.

Harraga actúa con los niños que viven en las calles. Comenzaron trabajando en un proyecto de ocio y tiempo libre, que a su vez contuviese un trasfondo educativo, tratando temas diversos como la educación sexual, toxicomanías… Niños que están bajo la tutela de la ciudad autónoma, pero que abandonan el centro de acogida “Fuerte Purísima” por las frecuentes agresiones físicas y psicológicas que se producen dentro de él, según sus testimonios.

Son menores que sufren la vulneración de derechos fundamentales como la educación y el acceso a la salud o las irregularidades que se producen en los trámites administrativos por parte de las instituciones públicas. Estos niños son conocidos por la administración y parte de la sociedad como MENA, una denominación que es utilizada, según una de las fundadoras de Harraga, como una calificación y es un término jurídico que nombra a los menores no acompañados. Simplemente son niños que se encuentran en situación de desamparo por parte de la administración pública”.

Estos chicos que abandonan a sus familias, cruzan la frontera y viven en las calles, tienen un objetivo claro, pasar hacia la península en pro de un futuro mejor. Duermen en los alrededores del Puerto y esperan la oportunidad de meterse en algún barco que los traslade a Europa: “Cuando murió Osama, que se cayó por el acantilado, nosotras bueno, para que pasara un poco el duelo… estaban tan destrozados que no lo expresaban, entonces… lo que respondían era con el pegamento y demás, y nosotras… era lo primero que vivíamos tan fuerte y queríamos vivirlo con ellos”. Para ello llevaron una sábana y unas pinturas para que los niños pudiesen expresar sus sentimientos por el fallecimiento de su amigo: “Los chavales mira, se pusieron a rezar, otros a cantar, otros a pintar “mensajes para Osama” … y llegó la Guardia Civil y llegó la nacional… luego fuimos a consejería, se lo envolvimos en un papel de regalo a la consejera de Bienestar, que entonces era María Antonia Garvín. Se lo envolvimos y se lo entregamos…para que no se olvidase de que Osama había muerto”. Al mes les llegó una denuncia de 1.500 euros que en la actualidad asciende a 1.800 por “actos vandálicos y concentración ilegal”.

Las denuncias son constantes desde que empezaron a trabajar con los niños: “empezamos a estar con los niños, a trabajar con Prodein y comienzan a llegarnos multas, entonces fue cuando decidimos crear Harraga para ser más fuertes”.

Cuentan que casi todas las multas están archivadas o cuando van a pedir información no existe el expediente. “Otra de las multas que nos pusieron a mí y a otras dos compañeras, fue por supuestamente agarrar a un guardia civil y llamarlos “asesinos y criminales”, que no se les dijo en ningún momento ni mucho menos, y pusieron una multa de 100 euros, pero se reducía si lo pagabas en el momento, a 50 euros”. Relatan que el guardia civil estaba agrediendo físicamente a un menor de 14 años dentro del coche patrulla.

Son frecuentes las visitas a la fiscalía donde denuncian todos estos hechos, en colaboración con Prodein y APDHA, y luego las difunden por las redes sociales, como en el caso de las patrullas ciudadanas con comentarios en el Facebook tales como “ole ahí sus huevos”, “si la policía no hace su trabajo lo tendrán que hacer los chavales” o pidiendo que dejaran realizar en Melilla un día como el de la película La Purga. Por parte de la administración, a estas denuncias, silencio.

Las vulneraciones constantes de los derechos de estos niños los han plasmado en un informe “De niños en peligro a niños peligrosos” https://harragamelilla.wordpress.com/2016/10/03/informe-sobre-la-situacion-de-los-menores-extranjeros-no-acompanados-en-melilla/ con el que pretenden visibilizar el abandono institucional y analizan los distintos tipos de violencias (policial, social, mediática, institucional) destacando la pederastia y la prostitución infantil (“Melilla es la ciudad de los pederastas”), junto con la criminalización que sufren estos menores… “no sabemos dónde está esa ley del menor que dicen que existe”.

Denuncian públicamente la utilización del miedo y la manipulación de los medios de comunicación locales, la impunidad de ciertos sectores organizados de la ciudadanía de Melilla (patrullas ciudadanas); las exigencias de identificación constante, sanciones administrativas sin fundamento, acusaciones verbales de delitos de corrupción de menores y tráfico de drogas entre otras, como parte de la estrategia de la administración pública y de la policía para intimidarles y que se vayan de la ciudad: “nos acusan de fomentar el desamparo y la inmigración ilegal, porque nos dicen que desde que estamos nosotras, los niños están muy a gusto en la calle y no les falta de nada y que, por eso, no están en el centro”. El centro de “Fuerte Purísima”, a pesar de contar con un cuantioso presupuesto anual, está masificado: “los niños duermen dos o tres en la misma cama, incluso tiran colchones al suelo”. Denuncian que están gestionados por personas sin cualificación profesional y que existen muchas irregularidades en cuanto a los trámites administrativos (permisos de residencia, pasaportes, reconocimiento de minoría de edad…). También que los recursos son escasos y a veces inexistentes, como en el caso del torreón, donde daban clases de lengua, tecnología y algo de matemáticas a los menores que no estaban escolarizados y por ley tienen ese derecho. Ahora lo han cerrado para hacer más habitaciones.

Con los menores realizan un acompañamiento y asesoramiento en trámites administrativos y una intervención socioeducativa desde lo lúdico “¡Son niños! Los niños lo que quieren es jugar. Nos encanta estar en la playa los ratos libres que tenemos y, de repente, cuando te das cuenta, te ves rodeada de 15 o 20 niños jugando, tirando arena, bañándose… y la cara de la gente… ¡Es que son niños!” …Somos testigos de ello. Nos citamos con ellas en la cafetería de la Plaza de Las Culturas (punto de encuentro para casi todas las personas que realizan una labor en distintas entidades con estos menores) y cuando se acercan y las reconocen…besos, abrazos, sonrisas. Palabras en dariya, en francés, en español…

Esta labor la realizan de forma autogestionada y con recursos muy limitados. Agradecen las aportaciones individuales y colectivas que distintas asociaciones han realizado, entre ellos la de la Fundación “La Flama” de Barcelona y la campaña de crowdfunding “Nada vale si hay un niño en la callehttps://www.goteo.org/project/nada-vale-si-hay-un-nino-en-la-calle, la visibilización de su trabajo en medios de comunicación alternativos y sensibilizados desde la península “los MENA son un tabú, nadie quiere que salga a la luz, da mala imagen…

Las componentes de Harraga presenta su informe sobre menores. foto del Faro de Melilla

Las componentes de Harraga presentan su informe sobre menores. Foto del Faro de Melilla

María, Rosa, Nora y Sara viven a diario con una realidad que se intenta ocultar y trabajan duramente para cambiarla. Cuando les preguntas cuáles son sus perspectivas de futuro contestan: “con vivir el día a día tenemos bastante”.

Ana Rosado Caro. Del equipo Frontera Sur de la APDHA

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